Creo que soy uno de los más fervientes defensores de la educación, no solo como un derecho de los ciudadanos, sino como la única manera en que un país llegue al desarrollo de manera sostenible. Invertir en educación significa invertir en capital humano, probablemente el recurso más importante de una organización, nación o pueblo. Sin embargo, las políticas nacionales frente a este tema, parecen demostrar todo lo contrario. Este derecho, inclusive consagrado en la constitución de 1991, se ha convertido en un privilegio. Aunque la educación publica ha aumentado su cobertura, ha disminuido sustancialmente su calidad, en particular en las regiones, debido a que los presupuestos generales se mantienen estables... O sea, educar a más gente con la misma cantidad de dinero.
Lastimosamente, ese detrimento de la educación formal, viene acompañado de una explosión en la información irrelevante. Hace un tiempo leí que en la televisión colombiana se presentan cerca de 20 novelas diarias en los canales nacionales, en horarios de mañana, tarde y noche. A costa de presentar historias, que reflejan una realidad distorsionada, se han reducido los espacios de opinión, culturales, políticos, científicos, e inclusive infantiles. Por esta razón, es probable que muchos de los que nos abruma esta carencia de información útil, recurrimos a la televisión por pago. Además, los pocos programas de opinión son profundamente sesgados (en particular los presentados por RCN, donde la técnica de los presentadores es utilizar un lenguaje para producir un impacto, típico del periodismo amarillista).
Pero para empeorar las cosas, el ciudadano común cada vez le interesa menos su educación. Esta tendencia, visible en todos los estratos socio-económicos (porque el hecho de asistir a una universidad privada de poca exigencia no genera buenos profesionales, sino absolutos inútiles o peor aún avivatos) representa un mayor peligro para el futuro de nuestra sociedad.
Que diferente es la concepción de los países desarrollados, donde se promulgan agresivas leyes educativas, en pro de desarrollar su más grande recurso. En este país, el gobierno llora por dar un millón más para la educación de un niño y al mismo tiempo regala los recursos naturales que poseemos a los capitales transnacionales (el comercio e inversión extranjera es importante, pero no podemos darle un valor tan depreciado a nuestro trabajo o recursos). En poco tiempo, seremos un país totalmente desprovisto, tanto de capital humano como natural... ¿Cual es el futuro que nos depara?
El otro día leí que el único camino para la verdadera autonomía, era a través del ejercicio educativo. Eso quiere decir, que al despreciar nuestra formación, nos hemos convertido en los esclavos del siglo XXI. Definitivamente, tendremos que apagar e irnos...















